Blog · Leer la sala · Ler em português · Read in English
Votación anónima delante del jefe: el promedio esconde la pelea
En un comité todos están de acuerdo hasta que votan en anónimo. Por qué el promedio esconde la pelea, y tres cosas que hago distinto cuando facilito con directivos.
En un comité directivo todo el mundo está de acuerdo hasta que vota en anónimo. Lo he visto en salas de gerentes, en juntas y en equipos de proyecto, y la escena es siempre la misma: el que habla primero fija el tono, los demás matizan alrededor de ese tono, y al final el facilitador anota «consenso» en la pared. Luego llega la votación anónima y el consenso resulta ser un siete de promedio con la mitad de la sala en cuatro y la otra mitad en diez.
Ese siete es el problema de este artículo. Un promedio de siete puede ser doce personas que piensan siete, que es una sala tranquila, o seis personas que piensan cuatro y seis que piensan diez, que es una sala a punto de pelear y que no lo sabe. Las dos salas producen exactamente la misma barra en la pantalla (y la misma cara de alivio en el que convocó la reunión). Y como la barra es lo que proyectamos, es lo que decidimos, y la pelea se da tres meses después, en la ejecución, cuando ya no hay facilitador. ¿Cuál de las dos salas tienen ustedes?
Un amigo me golpeó una vez con una frase que uso desde entonces: «Mauro, nada más subjetivo que los datos». Aquí aplica de frente. La votación no es objetiva porque salga un número; es tan subjetiva como la gente que votó, y por eso lo primero no es la herramienta sino a quién sentamos en la mesa (si el que vota no conoce el tema, el promedio es ruido con decimales). Pero una vez la gente correcta está sentada, el número sí nos dice algo que la conversación esconde, con una condición: que podamos ver la forma del voto y no solo su centro.
Concedo lo que hay que conceder. La jerarquía existe por algo, un comité no debería decidir por mayoría simple, y hay decisiones donde la opinión del que responde por el resultado pesa más, y está bien que pese. No estoy proponiendo que las juntas voten como asamblea (ya bastante tenemos con las asambleas). Estoy proponiendo que voten como termómetro: antes de discutir, para saber dónde está parada la sala, y no después, para confirmar lo que ya dijo el que habló primero.
Hace poco hice un ejercicio parecido con una encuesta a muchas personas de una misma organización, y lo que más me sirvió no fue el total sino partirlo: qué pensaba la junta, qué pensaban los gerentes, qué pensaba cada área. El total decía una cosa razonable; las partes decían que la junta y los gerentes estaban en extremos opuestos de la misma pregunta. Esa brecha era la conversación que había que tener, y en el total era invisible. Me llevó once minutos verla con ayuda de la IA, y creo que a mano no la habría buscado, porque uno no busca lo que no sospecha.
De ahí salen las tres cosas que ahora hago distinto cuando facilito con directivos, y que comparto sin ninguna garantía de que les sirvan igual.
Primero, el voto va antes de la discusión y es anónimo de verdad, no «levanten la mano los que…». Con el celular es trivial (un QR en la pantalla, treinta segundos) y nadie tiene que ver la pantalla del vecino, que era el defecto de las manos levantadas y de los puntitos de colores pegados en la pared mientras el jefe mira quién pega dónde. El que dirige la reunión vota de último o no vota, y lo anunciamos.
Segundo, miramos la dispersión, no el promedio. Si la mitad está en cuatro y la otra en diez, eso se muestra, se nombra («aquí hay dos salas») y se discute antes de pasar a lo siguiente. Después de la discusión se vuelve a votar, y la comparación antes y después es la medida real del taller: si no se movió nada, hablamos para nada; si se movió todo hacia el jefe, también hablamos para nada, pero de otra forma.
Tercero, cuando el grupo tiene niveles (junta, gerentes, equipo) el voto se parte por nivel. No para enfrentarlos, sino porque la brecha entre niveles suele ser el verdadero tema de la reunión, y es mejor verla en una gráfica a las diez de la mañana que descubrirla en un pasillo a las cinco.
Yo esto lo hacía a medias, con Excel y buena voluntad, hasta que lo metí en la herramienta que construí. Kai Interact avisa cuando el grupo está dividido mientras la votación todavía está abierta (lo llamamos alerta de grupo dividido, sin mucha poesía), deja re-preguntar después de la discusión y mostrar el antes y el después, y parte cualquier resultado por un segmento que uno haya preguntado al inicio, como el área o el nivel. Lo construí porque me cansé de descubrir la pelea en el pasillo, así que léanlo con esa parcialidad.

Y una duda que me queda, en serio: ¿hay decisiones donde el voto anónimo hace daño? Yo creo que sí, cuando el grupo todavía no tiene la información y vota prejuicios. Pero no estoy seguro de dónde está esa línea. ¿Cuándo fue la última vez que en su comité votaron antes de hablar, y qué pasó?
Nos vemos. Mauro Z.
