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El informe del taller el mismo día: qué tiene que citar para que te lo crean

Un informe escrito desde el recuerdo no se puede revisar. Lo que tiene que citar para que lo crea quien no estuvo: la actividad, el número y el responsable.

Mauro Z · 4 min de lectura
Un informe que cita se puede revisar; uno escrito desde el recuerdo solo se puede creer. Cada conclusión con la actividad que la produjo, el número con su escala y el acuerdo con su responsable. Ilustración.

El informe de un taller suele escribirse al día siguiente, desde el recuerdo del facilitador, y por eso se parece tanto a la foto de la pared. Uno se sienta con un café (o con dos, si el taller fue largo), abre el documento en blanco, mira las notas sueltas y la foto, y escribe lo que cree que pasó. Lo que sale es razonable, está bien redactado, y tiene un problema: nadie que no estuvo en el salón tiene cómo saber si es verdad.

Pensemos en quién lee ese informe. No lo leen los que estuvieron (ellos tienen su propia versión, y cada uno recuerda la pared que le conviene). Lo lee el jefe que no pudo ir, el área que tiene que ejecutar, el comité que tiene que aprobar el presupuesto, y para ellos el informe es la única evidencia de que el taller decidió algo. Si dice «el grupo priorizó la experiencia del cliente», la pregunta obvia es ¿por qué?, ¿cuántos?, ¿frente a qué?, y el informe escrito desde el recuerdo casi nunca lo contesta.

Hace un tiempo hice un ejercicio que me cambió la forma de pensar en esto, aunque no era de un taller (era una encuesta sobre cultura organizacional). Tenía diez archivos con las respuestas de una encuesta y le pedí a una IA de investigación profunda que los analizara, con una instrucción explícita: no hagas búsquedas en internet, responde solo con estos diez archivos. Le pedí una estructura (resumen, análisis por pregunta, análisis transversal, brechas priorizadas, plan de acción y una tabla final), y a los once minutos me entregó el informe con diez citas y cero búsquedas, cada afirmación amarrada al archivo de donde salía.

Lo que más me gustó no fue la velocidad, aunque once minutos para eso es una barbaridad (a mano, prefiero no calcularlo). Fue poder ver de dónde estaba sacando cada cosa: en cada pregunta me decía la síntesis, los puntos en común, las diferencias, y de qué archivo venía cada una. Eso convierte un texto que hay que creer en un texto que se puede revisar, y la diferencia entre las dos cosas es la diferencia entre un informe que se archiva y uno que se usa.

De ahí saqué lo que creo que un informe de taller tiene que citar para que se lo crean. Primero, cada conclusión con la actividad que la produjo, para que se sepa si salió de una votación, de una conversación o de la cabeza del facilitador. Segundo, el número con su escala: no «la mayoría prefirió», sino «diecinueve de veintiséis», y si el grupo estaba dividido, decirlo, porque un promedio de siete con la mitad en cuatro y la otra en diez no es lo mismo que un siete tranquilo. Tercero, los acuerdos con su responsable y su siguiente paso, y lo que se decidió no hacer.

Concedo que esto tiene un riesgo, y no es pequeño. Un informe hecho con IA en minutos puede tener una interpretación rara, una frase que la fuente no decía o una conclusión demasiado redonda, y cuanto más rápido llega, más tentador es mandarlo sin leerlo. Por eso insisto en las citas: no son un adorno académico, son lo que le permite al facilitador revisar en diez minutos lo que la máquina escribió en uno, y corregirlo antes de que salga.

Y una cosa más sobre el «mismo día». Un informe que llega una semana después llega cuando el grupo ya volvió a su rutina y la energía del taller se gastó; uno que llega esa misma tarde llega cuando la gente todavía se acuerda de por qué votó lo que votó, y puede corregirlo si algo no le cuadra. Es la diferencia entre un acta y una herramienta de trabajo.

Por eso, en la herramienta que construí, Kai Interact (y aquí va mi sesgo declarado), el informe se genera al terminar la sesión con IA, pero cada conclusión cita la actividad y los números que la sostienen, y los acuerdos salen anclados a esa evidencia. Y aun así hay que leerlo antes de mandarlo, porque una cosa es que la herramienta cite y otra que uno esté de acuerdo con cómo lo interpretó.

Resultados de una sesión de demostración con la participación, los acuerdos requeridos y el botón para generar el informe con IA
El cierre de la sesión: la participación, los acuerdos y el informe a un clic, con la evidencia de cada actividad. Sesión de demostración.

¿Cuánto se demoran ustedes en mandar el informe de un taller, y quién lo lee de verdad? Sospecho que la segunda respuesta es más incómoda que la primera.

Nos vemos. Mauro Z.

Mauro Z

Mauro Z (Mauricio Zúñiga) facilita talleres de estrategia e innovación en todos los niveles de una organización, de comités directivos a auditorios de quinientas personas. Es profesor de la Pontificia Universidad Javeriana.

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